martes, 5 de abril de 2011

(Amén)se

Te quiero porque te pareces demasiado a mis vicios, a mis pasiones, a mis sueños, a mis placeres más banales. Te quiero porque, a pesar de ello, no correspondes a mis ideales y porque entiendo entonces que no hay absolutos, porque vuelvo y replanteo mis verdades, porque al final me quedo con mis mentiras; te quiero porque contigo me libero de mi ego y mi egoísmo. Te quiero porque cuando camino en las noches, no dejo de pensarte y de cantarte, porque cuando duermo (o no) sueño contigo. Te quiero porque estás lejos y porque a pesar de ello, no dejo de quererte. Te quiero porque cuando te deseo se me ponen los pelitos de punta. Te quiero por ser descaradamente distinto, por decirme lo que quiero y no quiero oír. Te quiero porque eres necio de noche y de día duermes tus culpas. Te quiero porque crees que soy bruja, porque me inspiras cursilerías romanticonas. Te quiero porque despiertas mis pasiones más humanas cuando pienso en estar mañana contigo y más sublimes cuando siento que sin ti no puedo más. Te quiero cuando me dan ganas de llevarte el desayuno a la cama. Te quiero cuando trazas sobre papel tus ideas, por ser atrevidamente revolucionario, por tener carácter y relevancia intelectual. Te quiero cuando ocultas tu dulzura en una fortaleza frágil y quebradiza, te quiero cuando no entiendes que los rotos de mi infancia se tejieron más adelante con poesía. Te quiero cuando me quieres y cuando no, también. Te quiero cuando, con auténtica seguridad, te contradices a cada instante. Te quiero cuando decides caminar lejos cuando te pido a gritos que estés cerca, y porque vuelves a mi lado cuando menos lo espero. Te quiero porque eres sensible, porque eres altruista. Te quiero cuando tienes miedo, como un chiquillo que sólo quiere sonreír. Te quiero cuando, después de una larga noche, decides ahogarte al otro día entre tus cobijas, te quiero por tus remordimientos de conciencia. Te quiero porque eres genuino. Porque sé que me quieres. Te quiero cuando eres fuerte y cuando no lo eres. Te quiero por la forma como abarcas tus verdades, te quiero por la forma como te ríes de la vida. Te quiero porque te preocupa no tener certezas, y te quiero cuando, al final, decides que no valen la pena. Te quiero cuando no te importa mi futuro. Te quiero porque, cuando otro me besa, pienso en estar mañana contigo, a la misma hora, en la misma esquina. Porque me aprendo canciones y las practico con magistral histrionismo. Te quiero por desconocido, por extraño y extranjero. Porque estás lejos. Te quiero porque me hablas en castellano y porque me dices cosas que no entiendo. Te quiero porque sabes a lágrimas a las finas sales, porque hueles a vino añejo. Te quiero porque, al final, estas letrillas se quedan cortas, porque preferiría no escribir, y en vez de eso, callar y sonreír. Te quiero porque replanteas mi noción de límite, porque no hay límites. Te quiero porque no conoces mis lunares pero sabes que existen y llevas la cuenta. Te quiero porque me das miedo. Te quiero porque te deleitas procrastinando decirme que también me quieres. Te quiero porque esta lista es eterna. Te quiero porque, aunque complejo, eres fácil, facilísimo de adivinar, y porque a pesar de ello, irónicamente no logro hacerlo. Te quiero porque no quiero estar con él, ni con él, ni con él, sino contigo. Te quiero porque sabes mis verdades e intuyes con maravillosa precisión mis mentiras. Te quiero porque te amo, y, por eso, no te puedo dejar de querer.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario